Señoras y señores, ésto es una película de Tim Burton.
Ni más ni menos.
Con tan obvia y aparentemente estúpida observación pretendo hacer ver al lector aquello a lo que se enfrenta. Y a lo que se enfrenta es, como digo, a Tim Burton en estado puro, en todo su esplendor y con todas sus particularidades. Si no le gusta, directamente no se moleste en empezar a verla. Pero si le han gustado las anteriores películas del californiano, no lo dude un momento. Sombras tenebrosas es su película.
Porque esta película es, de nuevo, ese mundo tan característico del director, que se niega a abandonar, y al cual dirige todas las historias que filma. Guste o no, Burton tiene algo que hay que admirar, y es la identidad tan suya que ha creado para toda su obra. No es un autor original (sólo una de sus películas en los últimos once años, La novia cadáver, ha contado con un guión original), no escribe casi nunca sus propias historias, pero basta echar un breve vistazo para saber que la película es suya. En Sombras Tenebrosas, el excelente prólogo (directo, sin ambages, que con cuatro escenas deja bien claro quiénes son los personajes y qué pasa entre ellos) ya presenta de nuevo ese toque gótico inconfundible, esa trama fantástica y fantasmagórica, ese "algo" tan especial que su cine desprende y que sus fans aman. Y además, esta vez lo hace si cabe con mucho más humor (es probablemente la película más divertida de Burton... atención al uso de las canciones y del logo de McDonald's), y con Burton acompañado de su cuadrilla habitual: Danny Elfman (qué música, dios mío), Chris Lebenzon, Coleen Atwood, Rick Heinrichs. El guión funciona a la perfección, cada diálogo tiene su razón de ser, y el entretenimiento es total.
Y qué decir del reparto. Johnny Depp, como siempre el mejor aliado del director, se sitúa mucho más en la línea de Sweeney Todd que de Charlie y la fábrica de chocolate (gracias a Dios) para entregar otro de esos personajes que domina como nadie, llenos de excentricidad, de oscuridad, y también de amor y humor. Es decir, de todo lo que puebla el mundo de Burton. Probablemente nadie hubiese podido ser Barnabas como él. Pero en esta ocasión, su labor pasa, si cabe, más desapercibida que otras veces, porque tiene al lado a unos actores y actrices en permanente estado de gracia: Jackie Earle Haley, perfecto tanto para provocar iniciales temores como carcajadas; Chloe Grace Moretz, que ha nacido para personajes como éste, de jovencita díscola e inquietante (ojo a su próximo proyecto... Carrie. ¿Hora de cambiar de registro para no encasillarse?); Gulliver McGrath, encantador; Jonny Lee Miller, reciclado con éxito en actor secundario de presencia y elegancia. y por supuesto, las tres joyas de la corona, las tres perfectas, las tres pasándoselo bomba y divirtiendo al personal. qué gusto da ver que Michelle Pfeiffer vuelve poco a poco a la primera línea que nunca debió abandonar, pues su sentido del humor y su mirada bien valen productos de nivel como éste. Helena Bonham Carter es la actriz todoterreno, capaz de todo en cualquier momento, y la versión femenina de Depp en cuanto a representación y alma mater de Burton y su peculiar universo creativo. Y Eva Green, quizás la mejor del reparto, un derroche continuo de sensualidad, humor, carisma, belleza y simpatía. Le roba plano a Depp cuando están juntos, y éso no puede decirlo todo el mundo, y devora literalmente la película con esos ojos y esa entrega que se gasta. Sin duda, por talento y por entusiasmo, merece mucho más de lo que ha logrado hasta la fecha. Y no me olvido de la dulce y delicada Bella Heathcote, a quien le toca lidiar con el personaje quizás más flojo de todos.
Hay algún fallo (el climax final es quizás algo excesivo, y la historia de amor de Barnabas y victoria es un poco sosa) pero el disfrute general es tan grande que se le perdona.
¿Obra maestra a la vista? Hablaremos cuando repitamos visionado.
Lo mejor: Casi todo, y especialmente Eva Green
Lo peor: La historia de amor queda algo sosa, y el final es un pelín excesivo.
Oráculo
Críticas de cine y opiniones sobre el séptimo arte...
martes, 8 de mayo de 2012
martes, 1 de mayo de 2012
Los Vengadores (The Avengers, 2012)
Es perfectamente comprensible el entusiasmo de los fans de
la aventura, el género de superhéroes, la acción y, por supuesto, los fans de
los comics de Marvel ante la llegada de Los Vengadores.
Joss Whedon filma con notable pericia un espectáculo visual
apabullante, en el que el director demuestra el porqué de su bien ganada fama
de autor de culto (y eso que en cine sólo ha filmado una película previa a
ésta). Whedon es un artista, sin más. Es él quien otorga a la película de una
épica muy clara, de momentos de envergadura, de emoción (ese encadenado de
imágenes de todos los Vengadores preparándose para la batalla final) y por
supuesto de un brío y una elegancia indiscutibles en las apabullantes escenas
de acción. Mención especial para el departamento de efectos visuales, que logra
unos planos de impresión, con fondos digitales que son el mejor amigo de Whedon.
En cierto modo, es verdad verdadera que, dentro de que es lo mismo de siempre,
pues es probablemente lo mejor que se ha visto en mucho, muchísimo tiempo.
Sin embargo, la película tarda en arrancar, y hasta que se
asienta y todos los Vengadores se reúnen, el ritmo es demasiado lento, y los
minutos de la primera hora se hacen eternos. Y efectivamente, aunque sea sin
duda la mejor de las películas típicas de superhéroes, sigue siendo lo mismo. O
será que, para esta humilde persona, cuando mejores son las películas de
superhéroes es cuando menos parecen películas de superhéroes. Al fin y al cabo,
los Batman de Christopher Nolan son las obras maestras que son porque presentan
un superhéroe en un mundo muy real luchado contra villanos de carne y hueso, y
porque es más un thriller negro que otra cosa. El gran acierto de los X-Men de
Bryan Singer y Matthew Vaughn fue mezclar la historia de los mutantes con la
propia de EEUU. , aunque la batalla final es simplemente espectacular, la cosa
ganaría impacto si no fuera porque ya hemos visto Nueva York destruida en otras
cincuenta películas previas (sin ir más lejos, ese climax final recuerda
enormemente al de Transformers 3).
Entre los actores, destacar esa mirada tan interesante que
tiene Jeremy Renner, que igual le sirve para hacer de héroe que de villano.
Scarlett Johansson hace la que es quizás su mejor interpretación de los últimos
años, pero sigue lejos, muy lejos de lo que fue hace diez años, y está claro
que ha enterrado bien enterrada a esa actriz que dejaba maravillados a los
críticos en Lost in Translation y La joven de la perla. Chris Evans y Chris
Hemsworth lo tienen todo hecho con el físico que se gastan, pero es de
agradecer la mucha entrega y la energía que le dan a sus personajes. Y Robert
Downey Jr… carisma y atractivo le sobra, pero empieza a cansar que, se llame su
personaje Sherlock Holmes o Tony Stark, siempre parezca interpretarse a sí
mismo.
Pero aunque no es una película perfecta, qué duda cabe
de que Los Vengadores es una película con épica, con pasión, puro entretenimiento
y espectáculo, que va a apasionar a los fans de estos personajes. Bienvenida
sea y a disfrutarla.
martes, 17 de abril de 2012
Los Juegos del Hambre (The Hunger Games, 2012)
La primera es: ¿Por qué los medios de comunicación son tan dados a comparar? ¿Por qué casi siempre es injusta dicha comparación? ¿Y por qué, Dios mío, se compara esta historia con Crepúsculo? Porque la saga de Suzanne Collins y la de Stephanie Meyer se parecen como un huevo a una castaña... Quien vaya buscando una ñoñez sin intensidad ni intriga ni tensión no saldrá satisfecho de Los Juegos del Hambre. Quien busque que la historia de amor sea el único motor de la trama, quedará decepcionado. Así que, por favor, comparaciones las justas, porque sólo el hecho de pretender que ambas sagas se parecen en algo es herir el sentido común. ¿Que ambas son fenómenos de fans adolescentes? Vale. Pero ahí se acaba la similitud.
La segunda pregunta es: ¿Cuánto dañada está la industria del cine como para que un artesano como Gary Ross se haya apuntado a hacer ésto? Pues probablemente bastante. Porque por mucho que se pueda suponer que Ross quedó encantado con el encargo, seguramente no se habría planteado saltar al blockbuster si hubiera podido continuar filmando sus películas de autor, como Pleasantville o Seabiscuit. Aun así, y aunque se aprecia claramente que éste no es su campo de juego (la cámara, en ocasiones, se le mueve demasiado e impide ver con claridad la acción. A veces se trata de una acción consciente para "dulcificar" la violencia o poner al espectador en la piel de los protagonistas, pero en otras es simplemente torpeza), se agradece que Ross apueste por una narrativa visual muy artesana, muy clásica, que en ningún momento atropella la acción.
¿Tiene la película una de las mejores bandas sonoras del año? Pues seguramente sí. James Newton Howard es un genio, como ya demostró en sus partituras para M. Night Shyamalan, pero aquí se sale literalmente del mapa, con unas notas cargadas de emotividad, tensión y sentimientos que potencian y engrandecen unas imágenes que quizás por sí solas no resultarían tan impactantes. Ayuda también la fotografía de Tom Stern, de colores oscuros, la dirección artística (estéticamente horrible, pero éso es lo que se pretendía... a través de ella y del vestuario se aprende mucho sobre este mundo de Panem) y el maquillaje. Lástima que no se pueda decir lo mismo de los efectos visuales, algo de andar por casa a la hora de recrear el fuego.
La segunda pregunta es: ¿Cuánto dañada está la industria del cine como para que un artesano como Gary Ross se haya apuntado a hacer ésto? Pues probablemente bastante. Porque por mucho que se pueda suponer que Ross quedó encantado con el encargo, seguramente no se habría planteado saltar al blockbuster si hubiera podido continuar filmando sus películas de autor, como Pleasantville o Seabiscuit. Aun así, y aunque se aprecia claramente que éste no es su campo de juego (la cámara, en ocasiones, se le mueve demasiado e impide ver con claridad la acción. A veces se trata de una acción consciente para "dulcificar" la violencia o poner al espectador en la piel de los protagonistas, pero en otras es simplemente torpeza), se agradece que Ross apueste por una narrativa visual muy artesana, muy clásica, que en ningún momento atropella la acción.
¿Tiene la película una de las mejores bandas sonoras del año? Pues seguramente sí. James Newton Howard es un genio, como ya demostró en sus partituras para M. Night Shyamalan, pero aquí se sale literalmente del mapa, con unas notas cargadas de emotividad, tensión y sentimientos que potencian y engrandecen unas imágenes que quizás por sí solas no resultarían tan impactantes. Ayuda también la fotografía de Tom Stern, de colores oscuros, la dirección artística (estéticamente horrible, pero éso es lo que se pretendía... a través de ella y del vestuario se aprende mucho sobre este mundo de Panem) y el maquillaje. Lástima que no se pueda decir lo mismo de los efectos visuales, algo de andar por casa a la hora de recrear el fuego.
Y la pregunta más importante de todas... ¿Es Los Juegos del Hambre una buena película? Rotundamente sí. En un panorama de literatura y cine juvenil tan sumamente plano y simplón, se agradece enormemente que haya una historia que apunte directamente a este demográfico, pero apueste por introducirlos, aunque sea de forma superficial, en los mundos autoritarios, violentos y llenos de rabia y dolor que tan bien describieron Orwell, Huxley o Alan Moore en V de Vendetta. Al fin y al cabo, estamos hablando de adolescentes que han de matarse unos a otros. Ross pone en imágenes tal planteamiento de forma mucho más intensa, dramática, e incluso violenta de lo que cabía esperar. Hay multitud de escenas de enorme tensión, sangre, drama, muerte, y una sensación de que realmente te están contando algo, de que queda algo después de verla.
Y todo quedaría en agua de borrajas si no fuera por la presencia de excelentes secundarios como un soberbio Stanley Tucci, Woody Harrelson, Donald Sutherland, Toby Jones o Wes Bentley, que arropan con esmero a la pareja protagonista. Josh Hutcherson es puro carisma y simpatía, y Jennifer Lawrence, simplemente soberbia, podría contarle un par de cositas sobre la actuación a una señorita llamada Kirsten y apellidada Stewart (que ya veremos qué hace con esa Blancanieves guerrera).
Ojalá la suerte esté de su lado, porque palos le van a llover de todos lados. Y por una vez, serán injustos.
Para los que lo disfrutemos, bienvenidos a los Juegos de Hambre.
Lo mejor: Jennifer Lawrence y toda la segunda hora de película. Sin más.
Lo peor: No es una obra maestra, y queda la sensación de que en manos de un director más experto en este tipo de filmes podría haberlo sido.
Y todo quedaría en agua de borrajas si no fuera por la presencia de excelentes secundarios como un soberbio Stanley Tucci, Woody Harrelson, Donald Sutherland, Toby Jones o Wes Bentley, que arropan con esmero a la pareja protagonista. Josh Hutcherson es puro carisma y simpatía, y Jennifer Lawrence, simplemente soberbia, podría contarle un par de cositas sobre la actuación a una señorita llamada Kirsten y apellidada Stewart (que ya veremos qué hace con esa Blancanieves guerrera).
Ojalá la suerte esté de su lado, porque palos le van a llover de todos lados. Y por una vez, serán injustos.
Para los que lo disfrutemos, bienvenidos a los Juegos de Hambre.
Lo mejor: Jennifer Lawrence y toda la segunda hora de película. Sin más.
Lo peor: No es una obra maestra, y queda la sensación de que en manos de un director más experto en este tipo de filmes podría haberlo sido.
miércoles, 14 de marzo de 2012
Blancanieves (Mirror Mirror, 2012)
Si algo ha quedado claro en la historia de la ficción, ya sea escrita o puesta en imágenes, es que no hay versión sacrosanta ni canónica de ninguna historia. Sin ir más lejos, el cuento de Blancanieves (sí, ese que se hizo inmortal gracias a la obra maestra de Walt Disney, y en cuyo original la "dulce" Blancanieves condena a la Reina al final a morir horriblemente torturada por zapatos de hierro al rojo vivo...) ha tenido o tendrá hasta tres versiones distintas en este 2012. Pues el azar y la casualidad (o quizás la premeditación pura y dura?) han hecho coincidir en televisión la serie Once Upon a Time, y en cine las películas de Rupert Sanders y Tarsem Singh. Y mientras que la de Sanders parece que ofrecerá una Blancanieves guerrera y un tono más gótico y adulto (o no, teniendo a Kirsten Stewart de protagonista...), la de Tarsem Singh es, simple y llanamente, una algarabía de película. Y una algarabía consciente, además.
Sin duda, los más fervientes admiradores del director indio se llevarán las manos a la cabeza al ver que éste se ha "vendido" al cine más puramente comercial, y que esta vez su realización no es la principal protagonista de su película. Es cierto. Esta vez, la paleta visual de Singh es menos intensa y apabullante que de costumbre. Por supuesto, ahí sigue esa fotografía tan característica, colorista a más no poder, que da un acertado aire de cuento al relato, y también se deja ver la singular habilidad del realizador en algunos planos de excepcional belleza, como el de la Reina entrando por el espejo. Pero sin duda, quienes deseen ver las maravillas (algunos dirían excesos, sin duda) visuales del Singh de La celda, The Fall o Immortals, saldrán decepcionados.
Lo que se den cuenta de que estamos hablando de Blancanieves y le perdonen al indio haberse pasado al cine comercial, van a encontrarse con una auténtica gozada. Y con muchas sorpresas. Una gozada, porque es maravilloso deleitarse en el trabajo póstumo de vestuario de Eiko Ishioka , en los fondos digitales, la ya mencionada fotografía colorista o el excelente trabajo de decoración. La historia, además, entretiene a raudales y da bastante más de lo que cabría esperar en un principio. Pero sobre todo, Blancanieves (Mirror mirror), y ahí viene la sorpresa... es una comedia. Y una de las mejores que quien firma ha tenido ocasión de ver en mucho tiempo. Desmitificando muchas de las idas más románticas del cuento original, la película es una carcajada constante que sin duda hará llevarse las manos a la cabeza a los puristas, pero que es un absoluto disfrute para espectadores desprejuiciados. Es una parodia que sabe que lo es, y es consciente de sus limitaciones. No se toma en serio en ningún momento y se agradece, pero sí se preocupa por homenajear el original y respetar sus bases.
Y esa comicidad es lograda en gran parte por los actores. Decir que Julia Roberts disfruta como Reina Malvada es quedarse muy corto. La novia de América se ríe de sí misma, del cuento y de lo que se le ponga por delante, y su entusiasmo se contagia inevitablemente al espectador. Con Nathan Lane, excelente como siempre, forma una dupla cómica para el recuerdo. Armie Hammer también de muestra carisma y sentido del humor como para parar un tren. Y Lily Collins, aunque comienza bastante perdida, sin saber muy bien dónde mirar ni qué hacer, va ganando confianza con cada minuto. Sin embargo, tiene el peor personaje de la película, y contra éso poco puede hacer. Y qué decir de ese maravilloso grupo de actores que dan vida a los enanos, y que están maravillosos. A ver si con un poco de suerte, gracias a esta película y al éxito de Peter Dinklage en Juego de Tronos, se deja de considerar a los actores enanos sólo para papeles de enanos, y comenzamos a valorarlos como profesionales al mismo nivel o superior que todos los demás....
Verdaderamente, si la película no merece la nota más alta es porque sucumbe al ridículo espantoso con ese epílogo final-musical, pero todo lo demás raya lo excelente. Podrá gustar o no, pero no se le debería negar a Tarsem Singh la valentía con la que ha hecho esta película, dándole la vuelta al cuento y riéndose de él.... pero sin dejar de ser cuento.
Lo mejor: Julia Roberts, Nathan Lane y el sentido del humor.
Lo peor: El bailecito final, y la cierta sosería de Lily Collins.
viernes, 2 de marzo de 2012
John Carter (John Carter, 2012)
Aviso: A John Carter le van a caer palos por todos los lados.
Y es que no hay nada más fácil que poner a caldo a una película de estas características. Desde luego, si se la quiere criticar, motivos se encuentran a diestro y también a siniestro: la originalidad brilla por su ausencia, mete con calzador la imprescindible trama amorosa, es un pastiche visual de Prince of Persia y Star Wars (porque decir que también lo es desde el punto de vista argumental sería no tener mucha idea de lo que se habla, puesto que es esta historia la que ha inspirado a Lucas, Spielberg y otros tantos... y no al revés), presenta tópicos por doquier, asume cero riesgos, los protagonistas parecen más modelos que actores, y hay una sensación de deja vu constante. Todo éso es verdad.
Sin embargo, creo que todo aquel que se enfrente a John Carter debería plantearse qué le pide a la película. ¿De verdad hay alguien que espere una obra maestra? ¿Una revolución del género de la ciencia-ficción, de la aventura? ¿Hay que esperar conflictos shakespearianos?
Si ese es su caso, lector, directamente no entre a ver John Carter. No lo va a encontrar. Sin embargo, si lo que desea es entretenerse y pasar un rato agradable, no lo dude un momento. Porque éso es lo que pretende la película de Andrew Stanton. Entretener. Epatar con sus efectos visuales. Contar una historia que entretenga durante dos horas. Y éso lo consigue de sobras.
Stanton, que tiene bien ganado un lugar de honor en la Historia del cine animado gracias a su labor en Pixar, no es todo lo hábil que se podría desear filmando en imagen real, o puede que la necesidad de dejar espacio a la pantalla verde y el ordenador haya devorado su talento. Pero su John Carter, para quien quiera apreciarlo por lo que es, resulta un espectáculo visual apabullante, muy deudor de George Lucas y su Star Wars, que pisa el acelerador desde el primer minuto y no lo suelta hasta el final. Además, sorprendentemente, el guión se toma su tiempo para presentar situaciones y personajes, con más mesura y cabeza de la que cabría esperar (yo esa complicación y lío argumental del que algunos comentaristas de cine hablan no la he visto por ninguna parte), y Stanton acierta de pleno con ese gran comienzo decimonónico que tiene más de western que de otra cosa.
Hay fallos, por supuesto. Y el primero es que la película no apasiona, no es mejor que otras que se hayan visto por ahí, y como dije al principio, encontrarle cosas criticables es de lo más sencillo. Quizás lo más grave es la presencia de Lynn Collins, que aunque le pone voluntad a las escenas de acción, es incapaz de mover un músculo de la cara para expresar las emociones de su personaje. Lo mismo puede decirse de Dominic West, siempre sobreactuado y pasado de rosca, o del gran desaprovechamiento de las presencias siempre estupendas de James Purefoy y sobre todo Ciaran Hinds (es de imaginar que el cheque fue sustancioso, pues apenas aparecen unos minutos en pantalla, y lo que hacen tampoco es nada del otro mundo). Y también es verdad que muchas veces no se explican bien las particularidades de las distintas razas, humanas o alienígenas, que pueblan Marte, pero como antes se expresaba, no es impedimento para seguir la historia.
Pero gracias al cielo, Taylor Kitsch, que no es el mejor actor que ha poblado la Tierra y que seguro consiguió el papel por su cara y cuerpo bonitos, da bastante más de lo que se podría imaginar, con un carisma justo que sostiene la película y una presencia que no molesta. En pocas palabras, Kitsch no hace una grandísima interpretación ni nadie va a darle un Oscar por ello, pero se defiende más que bien, teniendo en cuenta el material del que dispone.
En definitiva, John Carter es un divertimento puro y duro, que no insulta la inteligencia del que mira y pone ante sus ojos un gran festín de aventuras y efectos especiales. No hay nada malo en ello. Es justo lo que pretende.
Lo mejor: Da más de lo que hacían presagiar sus trailers y el penoso tracking del que ha disfrutado en EEUU. Y la presencia sibilina e intrigante de Mark Strong.
Lo peor: Al igual que no es una mala película, tampoco se puede decir que sea nada del otro jueves. Entretiene, que no es poco, pero ahí se queda.
sábado, 18 de febrero de 2012
La mujer de negro (The woman in black, 2012)
"The house in the marsh is by far the worst"...
Lo mejor: La realización cuasimagistral de James Watkins, la estupenda interpretación de Daniel Radcliffe, y toda la secuencia de la primera noche de Kipps en la casa. Un verdadera sinfonía de horror in crescendo.
Lo peor: El final resulta algo insatisfactorio.
Y qué razón tenía esa poesía del trailer de la película de James Watkins...
Porque la casa de Los Otros, el hotel de El Resplandor, el ídem de El Orfanato y todas las demás mansiones fantasmales del cine ya tienen una compañera más: la aterradora y amenazante mansión Drablow.
Sin embargo, quien piense que La mujer de negro es otra más de las muchas películas de casas encantadas que circulan por ahí, está muy, pero que muy equivocado...
Porque si por algo se caracteriza la película de Watkins es por apostar sin disimulo (siguiendo la novela de Susan Hill) por el goticismo en estado puro, el goticismo del siglo XIX inglés, el goticismo que podría haber escrito Ann Radcliffe o Matthew Lewis (aunque ellos seguramente lo habrían ambientado en España...). La cinta, desde el minuto 1, apuesta por el clasicismo a todos los niveles, y por entroncar con una tradición que no es tanto cinematográfica como literaria, por mucho que después el cine le haya dado vida innumerables veces. Además, La mujer de negro destaca sobre otras historias similares gracias al guión milimétrico de Jane Goldman, en el que ni sobra ni falta nada (o casi nada...), en el que cada frase, cada mirada y cada silencio tienen su razón de ser, y que a pesar de no dar para más de escasa hora y media de película, se toma su tiempo para presentar personajes y ambientes. Y la última gran razón por la que la película es la excelente ópera de terror que es la realización de James Watkins. Acompañado por la excelsa fotografía de Tim Maurice-Jones (qué importantes son la luz y las sombras en esta clase de filmes...) y aprovechándose de la escasa e inteligente música de Marco Beltrami (que nunca estropea los sustos), Watkins orquesta con maestría unas secuencias aterradoras, poniendo la cámara siempre detrás de los ojos de Arthur Kipps, sin abrir el plano, dejando que sea él quien descubra al espectador quién mueve la mecedora (La película, en el apartado de los sustos, no da descanso al espectador)... y al mismo tiempo, maneja con soltura los momentos más íntimos y las escenas de diálogo.
Y a todo ésto hay que sumarle el plus que supone ver a Daniel Radcliffe en estado de gracia, diciéndolo todo con los ojos, de camino ya a convertirse en unos años en uno de los mejores actores del mundo, y llevando prácticamente en solitario el peso de toda la película. Su labor es especialmente loable en la secuencia de la primera noche de Kipps en la casa. Unos 20 minutos sin diálogos en los que Radcliffe llega al límite, ayudado por todos los demás elementos, conformando una de las secuencias más brillantes y más aterradoras jamás vistas.
Sin duda se le podría criticar que hay sustos fáciles, mil veces vistos con anterioridad, o un desenlace (que no desvelaré) que resulta poco satisfactorio en cuanto a finalizar el misterio de la Mujer de Negro. Pero el resultado es tan brillante, tan completo, y tan angustioso de ver que acaba resultando un placer absoluto. Y no creo que haya mejor cumplido para una cinta de terror.Porque la casa de Los Otros, el hotel de El Resplandor, el ídem de El Orfanato y todas las demás mansiones fantasmales del cine ya tienen una compañera más: la aterradora y amenazante mansión Drablow.
Sin embargo, quien piense que La mujer de negro es otra más de las muchas películas de casas encantadas que circulan por ahí, está muy, pero que muy equivocado...
Porque si por algo se caracteriza la película de Watkins es por apostar sin disimulo (siguiendo la novela de Susan Hill) por el goticismo en estado puro, el goticismo del siglo XIX inglés, el goticismo que podría haber escrito Ann Radcliffe o Matthew Lewis (aunque ellos seguramente lo habrían ambientado en España...). La cinta, desde el minuto 1, apuesta por el clasicismo a todos los niveles, y por entroncar con una tradición que no es tanto cinematográfica como literaria, por mucho que después el cine le haya dado vida innumerables veces. Además, La mujer de negro destaca sobre otras historias similares gracias al guión milimétrico de Jane Goldman, en el que ni sobra ni falta nada (o casi nada...), en el que cada frase, cada mirada y cada silencio tienen su razón de ser, y que a pesar de no dar para más de escasa hora y media de película, se toma su tiempo para presentar personajes y ambientes. Y la última gran razón por la que la película es la excelente ópera de terror que es la realización de James Watkins. Acompañado por la excelsa fotografía de Tim Maurice-Jones (qué importantes son la luz y las sombras en esta clase de filmes...) y aprovechándose de la escasa e inteligente música de Marco Beltrami (que nunca estropea los sustos), Watkins orquesta con maestría unas secuencias aterradoras, poniendo la cámara siempre detrás de los ojos de Arthur Kipps, sin abrir el plano, dejando que sea él quien descubra al espectador quién mueve la mecedora (La película, en el apartado de los sustos, no da descanso al espectador)... y al mismo tiempo, maneja con soltura los momentos más íntimos y las escenas de diálogo.
Y a todo ésto hay que sumarle el plus que supone ver a Daniel Radcliffe en estado de gracia, diciéndolo todo con los ojos, de camino ya a convertirse en unos años en uno de los mejores actores del mundo, y llevando prácticamente en solitario el peso de toda la película. Su labor es especialmente loable en la secuencia de la primera noche de Kipps en la casa. Unos 20 minutos sin diálogos en los que Radcliffe llega al límite, ayudado por todos los demás elementos, conformando una de las secuencias más brillantes y más aterradoras jamás vistas.
Lo mejor: La realización cuasimagistral de James Watkins, la estupenda interpretación de Daniel Radcliffe, y toda la secuencia de la primera noche de Kipps en la casa. Un verdadera sinfonía de horror in crescendo.
Lo peor: El final resulta algo insatisfactorio.
jueves, 9 de febrero de 2012
War Horse (2011)
Hace medio siglo, películas como Australia, Cold Mountain o esta War Horse habrían entusiasmado a las plateas de todo el mundo. Sin embargo, ahora, dejando al margen sus defectos (que las tres tienen), la crítica las menosprecia y el público no se entusiasma. ¿Qué ha pasado? ¿Es peor el cine hoy que entonces? ¿O es que las personas somos menos ingenuas, más cínicas y ya estamos muy acostumbradas a ver casi de todo en una pantalla? Pues probablemente es éso... porque War Horse es una cinta con todos los ingredientes que la habrían hecho triunfar en otra época: historia melodramática, superación personal, canto a la amistad, animales, bellos paisajes, factura impecable, ambientación bélica... Así pues, ¿qué ha fallado?
A estas alturas, hablar de la pericia tras la cámara de Steven Spielberg es innecesario. El Rey Midas es uno de los más hábiles narradores de todos los tiempos, un pintor de imágenes, un realizador con una elegancia innata en su planificación que otros jamás tendrán. War Horse es un plato visual de maravilloso gusto, todo elegancia (como digo) y belleza, gracias a la colaboración de Spielberg y Janusz Kaminski en la fotografía (que homenajea por partes a David Lean, a John Ford y, muy claramente al final, a la mítica escena de Vivien Leigh de Lo que el viento se llevó. Ya sabe, la de "A Dios pongo por testigo..."). La primera hora es simplemente perfecta. El final roza también esa perfección. Y todo el conjunto desprende una emotividad apabullante, y una clara añoranza de un cine más elemental, más primario, más cercano a las emociones de la gente.
Sin embargo, la película tiene un enorme problema (aparte del posible rechazo inicial de las audiencias), y es que es indudablemente demasiado larga. Las historias de los dos hermanos alemanes y la niña y el abuelo franceses resultan demasiado extendidas y alargadas en pantalla, ralentizando un ritmo hasta entonces estupendo. 35 minutos menos y podríamos estar hablando de una casi obra maestra... pero ese exceso de metraje lastra el conjunto de forma muy notable.
Gracias a Dios, Peter Mullan, Emily Watson, todos los jóvenes actores, y muy especialmente Benedict Cumberbacht y Jeremy Irvine (será una estrella) dan lo mejor de sí mismos, componiendo un exquisito reparto.
Y sí, está muy dicho que recuerda enormemente a Ford, Lean, Lo que el viento se llevó y en general a todo el gran cine del Hollywood clásico. Pero no creo que sea injusto ni pesado recordarlo. Porque éso es lo que ha pretendido Spielberg al adaptar esta novela. Homenajear el cine con el que él creció. Un cine que, para bien o para mal (depende de cada espectador) ya no se hace.
Lo mejor: La primera hora, Jeremy Irvine y su sabor clásico. Y la secuencia de Joey en las trincheras, un prodigio de dirección de Spielberg.
Lo peor: Es sin duda demasiado larga.
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